miércoles, 17 de febrero de 2016

Parados +45 años, la tragedia.

El año 2015 ha sido histórico para el mercado laboral español. Según la EPA del cuarto trimestre, el paro descendió en 678.000 personas en los últimos doce meses. El número de desempleados (4,8 millones) cayó a su cifra más baja desde 2010. Y aunque casi cinco millones de parados y una tasa de paro del 20% siguen siendo una barbaridad, podría decirse que hay un cierto optimismo. La sensación es que lo peor ya ha pasado.

Pero sigue siendo muy grave la situación de los grupos más vulnerables del mercado laboral, y me refiero al de los parados mayores de 45 años. El desempleo de larga duración junto con las bajas tasas de salida y la escasa eficiencia de los servicios públicos de empleo generan un considerable riesgo de exclusión social y económica entre este colectivo.

En España, mientras consigues mantenerte en la rueda del mercado laboral todo va más o menos bien. Pero si te caes de la rueda, entonces las posibilidades de reincorporarse son mucho menores. Y cuanto más tiempo pase, mucho peor. Hay un núcleo de personas que cada vez lo tienen más difícil. A partir de los seis meses sin empleo, las opciones se desploman.

En España hay ahora mismo más de 1,7 millones de mayores de 45 años que están en paro. De ellos, algo más de 250.000 llevan entre uno y dos años en paro y casi un millón llevan más de dos años. Es decir, el 72% de los desempleados de más de 45 años son de larga duración.

Es un tema fundamental que no acaba de estar sobre la mesa de los partidos ni ocupa todo el espacio que debería en los medios. Es una enorme pérdida de talento para toda la sociedad (se arrincona a personas que todavía tienen mucho que aportar) y una carga muy complicada de asumir para las cuentas públicas (hablamos de personas que no producen, no pagan impuestos y empiezan a cobrar una prestación muy pronto y con muchos años de vida por delante). Parece que no nos damos cuenta de la magnitud del problema.

Entre los mayores de 50, el nivel de frustración que acumulan todos ellos es fácil de imaginar.

Cabría preguntarse si existen soluciones para este colectivo. Lo cierto es, que lo hecho hasta el momento no está funcionando. Un periodo de desempleo de más de dos años aumenta la probabilidad de transición a la inactividad. Los trabajadores poco cualificados y las personas mayores son mucho más propensos a abandonar el mercado laboral.

Lo lógico sería copiar lo mejor que han hecho nuestros vecinos de la UE, empezando por mejorar la colaboración público-privada. En otros países, las agencias privadas obtienen más fondos en función de los parados que consiguen sacar de su desempleo y aún más si el desempleado pertenece a un grupo especialmente vulnerable y si mantiene el empleo a largo plazo. Es decir, no es sólo buscar una agencia para que encuentre cualquier trabajo, sino incentivar que esa tarea tenga como fin la incorporación real al mercado laboral con garantías de estabilidad.

El sistema público de empleo español solo sirve para pagar prestaciones, pero nunca se ha diseñado para la colocación de parados. Su nombre debería ser cambiado. 


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