viernes, 15 de abril de 2016

El Partido Popular se descompone.

El ministro Soria acaba de dimitir, y lo ha hecho, porque su situación se había vuelto imposible. Un ministro del Reino de España no puede, haber participado o participar, en empresas radicadas en paraísos fiscales, ni tener cuentas bancarias en ellos, indiferentemente de la procedencia, lícita o no, del dinero.

Todo este caso se ha visto agravado por la torpeza de José Manuel Soria a la hora de dar explicaciones ante los medios, pues es evidente que ha tratado de engañarnos, quedando de manifiesto sus contradicciones en las distintas versiones que ha dado en estos últimos días.

Es evidente, que tanto el PP como el PSOE, tienen un suelo electoral importante, unos millones de ciudadanos que les votan siempre y a los que les da igual los diferentes casos de corrupción de unos y de otros, pero los cuatro o cinco millones de ciudadanos no viscerales que votan en otra clave son los que deciden quien gana, y a esos, evidentemente, los casos de corrupción que van apareciendo si les influye a la hora de votar.

En este país, como en todos los de nuestro entorno, existen millones de ciudadanos de ideas conservadoras que tienen derecho a poder votar a una opción política que represente las cosas en las que ellos creen y que, por supuesto, esté limpio. Por ello pienso, que muchos de ellos empiezan a encontrarse políticamente huérfanos.

Alianza Popular, era un partido que representaba los valores y principios tradicionales de la derecha española, con el Partido Popular, esos valores se han ido diluyendo, hasta el punto, que hoy en día es un partido que representa al capitalismo puro y duro.

Rajoy durante su mandato ha incumplido sistemáticamente todas las propuestas electorales que iban dirigidas a los colectivos pro-vida, a las víctimas del terrorismo, y a todos los colectivos de la derecha tradicional. Si sumamos a eso la galopante corrupción que sufre, nos damos cuenta de que en unas hipotéticas elecciones, la mayoría de los votos que recibiría serían los del miedo a algo mucho peor, ese anti voto que desnaturaliza cualquier democracia.




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