jueves, 28 de abril de 2016

La ética basurienta de Podemos.

Ahora está de moda, que todos los partidos dispongan de un Código Ético, el problema reside en que es mejor no tenerlo que disponer de él y a las primeras de cambio pasártelo por el arco del triunfo.

El rotundo respaldo de Pablo Iglesias a su imaginaria ministra de justicia, Victoria Rosell, a pesar de que el juez que la ha sustituido en su juzgado de instrucción ha apreciado que cometió delitos de cohecho y prevaricación, puede arrastrar a Podemos en su conjunto al descrédito político.

Aquí ya no hablamos de acusaciones aparecidas en cualquier medio de comunicación, aquí hablamos de un informe razonado de un juez de instrucción en el que acusa a su antecesora de diferentes delitos, informe que ha enviado al Tribunal Supremo.

Con este apoyo a Rosell, Pablo Iglesias y Podemos, se están comportando de la misma manera que eso que llaman ellos “castuza”, o traducido, podredumbre estructural, a la que parecen haberse incorporado imitando sus vicios.

Al apoyar a Rosell, Podemos mantiene entre ellos a una auténtica “caja de bombas”, caja que les puede estallar en cualquier momento y producirles un destrozo enorme. No podemos olvidar, que si cualquiera de nosotros somos acusados de cohecho y prevaricación, es muy grave, pero si eso lo comete un juez en ejercicio, es mil veces más grave.

Existen muchas posibilidades de que, ya sea el Tribunal Supremo o el TSJC, la acuse, la juzgue y posiblemente la condene, y si en ese momento sigue contando con el apoyo del líder supremo de su partido, se puede ver un auténtico número.

Quien reclama privilegios que no le corresponden, quien es experta en poner en serios compromisos a los trabajadores de los aeropuertos, quien va de prepotente por la vida, y quien es muy posible que haya cometido graves delitos de corrupción no puede representar a los ciudadanos. Muchos, por mucho menos, han sido crucificados.


Parece que Podemos no pasa ni la más nimia “prueba del algodón”.


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