domingo, 17 de abril de 2016

¿Política de trincheras?

Merece la pena que reflexionemos sobre el impacto que está teniendo la situación política por la que atraviesa nuestro país, en las relaciones entre españoles.

Soy de los que desde hace ya bastante tiempo estoy convencido de que la política de frentes o trincheras, esa de la que viven algunos partidos, esa vieja política de la confrontación y de la polarización, es sumamente perjudicial para nuestra sociedad, pues en pleno siglo XXI no se puede sostener la concepción cainita del bando rojo y del bando azul.

A veces se me sonríe alguien cuando le digo que soy políticamente transversal, pero esa afirmación es todo un alegato en pos de esa reconciliación nacional que se tuvo en la mano durante la Transición y que ha terminado de perderse con la aparición de Podemos en el panorama político.

Lo cierto es, que este clima de enfrentamiento político se traslada demasiado a nuestras relaciones sociales, lo que ha provocado que ya muchos ciudadanos se nieguen hasta a hablar de política por temor a enemistarse con  el otro.

Yo personalmente lo tengo muy claro, respeto a las personas y a los colectivos que respetan los DDHH, la democracia y la libertad, por ello combato a todos los partidos que pretenden arrebatarnos todo eso.

Todos los partidos que no suscriban los pactos antiterroristas, que no condenen el encarcelamiento de opositores políticos democráticos en cualquier país del mundo, que sientan simpatía por los terroristas que tanto dolor causaron a miles de familias de nuestro país, a todos esos partidos los combatiré en la medida de mis fuerzas.


Aun sabiendo en lo que se ha convertido esta supuesta democracia en la que vivimos, siempre optaré por transformarla  y no por dinamitarla, pues considero una temeridad recurrir a peligrosas aventuras revolucionarias, cuyo fin sería el de siempre, los que no tienen nada seguirían igual, los que tienen algo lo perderían, y lo que quedara estaría en manos de los dirigentes del partido hegemónico. En definitiva, miseria, miseria y miseria.


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