miércoles, 25 de mayo de 2016

Barcelona, un auténtico polvorín.



Todos hemos podido ver con indignación como, por enésima vez, las calles de Barcelona se convertían en un campo de batalla, tomadas por hordas de jóvenes violentos, que se dedicaban a destrozar el mobiliario urbano y  aterrorizar a sus pacíficos vecinos.

Ahora, la excusa para la barbarie, era el desalojo de un local de una entidad financiera que estaba siendo utilizado por el movimiento okupa como un centro social y cultural. Ahora saben los barceloneses, que Xavier Trías, el anterior alcalde, les ocultó que con dinero público pagaba 66.000 euros anuales en concepto de alquiler del inmueble para así no tener que afrontar el problema.

Y claro está, Ada Colau, llega a la alcaldía y deja de pagar el alquiler, algo que provocó una orden judicial de desalojo que se ha llevado a cabo y que ha desencadenado la violencia callejera.

Ada Colau, vive una auténtica contradicción, ha pasado de liderar movimientos populares e protesta, instigar acciones del movimiento okupa y boicotear desalojos, a ser una alcaldesa obligada a mantener la ley y el orden. Ahora es la víctima de unas fuerzas que ella ayudó a desencadenar.

Barcelona, como capital de Cataluña, sufre las consecuencias de la falta de respeto a la legalidad promovida por las autoridades, antes nacionalistas y ahora separatistas, quienes desobedeciendo las leyes dieron un ejemplo letal, pues los antisistema se sintieron respaldados y apoyados.

Los independentistas llevan ya mucho tiempo sumando colectivos a su causa, dándoles igual que representaban, el resultado es terrible, hoy en día, Barcelona es la capital europea en donde residen más okupas,  más antisistema y más musulmanes radicales, incluso, hasta los manteros ilegales son apoyados por el ayuntamiento, y por ello, hasta se atreven a agredir a la guardia urbana. 

Barcelona es un polvorín que puede estallar en cualquier momento. De nada sirve llegar al poder si después se carece de un proyecto político destinado a mejorar la vida de los vecinos.

En todas las capitales donde gobierna, Podemos o su entorno, se ve claramente que carecen de proyecto, pues se han dedicado a la política de gestos y símbolos, hablamos de personas incapaces de despojarse de su pasado militante y dedicarse a servir a sus vecinos sin tener en cuenta cómo piensan.


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