lunes, 2 de mayo de 2016

El 1º de Mayo languidece.

Las manifestaciones del Primero de Mayo, ya no son lo que eran ni por asomo, se han convertido en un acto testimonial al que cada vez acuden menos trabajadores. Casi nadie duda, a estas alturas, que los responsables de la situación actual son los propios sindicatos que ni han sabido adaptarse a la nueva realidad social, ni a su mercado de trabajo.

La desafección de los trabajadores hacia unos sindicatos dirigidos por una casta sindical que compite en corrupción con los partidos políticos, cuyos dirigentes son conocidos por vivir del cuento, por no haber dado en su vida un “palo al agua”, es casi absoluta.

Lo ocurrido en la convocatoria de Madrid podemos calificarlo de bochornoso, allí no se reivindicó una sola demanda laboral, aquello se convirtió en un acto de precampaña electoral donde los líderes sindicales exigieron “un gobierno de cambio”. Si lo que desean es hacer política ¿Por qué no se presentan a las elecciones? Es que siguen sin enterarse que los trabajadores de hoy en día pertenecen a todo el espectro político.

Pero no pensemos que esta politización es algo nuevo, desde la Transición, las manifestaciones sindicales siempre han estado presididas por banderas, rojas y tricolores, que disuadían a todo aquel trabajador que no se considerase de izquierdas a participar en ellas.

La única solución, es que existan sindicatos independientes que defiendan los derechos de todos los trabajadores. El sistema protege a UGT y CCOO, a los demás no les da ni agua.

En una democracia, los sindicatos son indispensables, pero claro está, las dos grandes centrales sindicales son portadoras de tantos vicios, que en vez de cumplir su misión constitucional, se limitan a competir en corrupción con lo peor del sistema, actuando además, con sus propios trabajadores, como despiadados patrones.



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