domingo, 15 de mayo de 2016

Las verdades del consejero De Llera.

Tengo que mostrar mi perplejidad por lo ocurrido con el consejero de Justicia andaluz, Emilio de Llera. Quien ha sido reprobado por el Parlamento de Andalucía por poner en cuestión la independencia judicial.

Y digo que estoy perplejo, porque aunque De Llera sea un independiente en un gobierno socialista, y ese gobierno esté en minoría, su presidenta, Susana Díaz, en este caso no ha hecho ni siquiera el intento de salvarle evitando que se produzca su reprobación.

Para una vez que un “ministrillo autonómico” hace una afirmación que refleja exactamente lo que pasa con la Justicia, que no es independiente, algo que todos sabemos, su partido, uno de los grandes responsables de que la Justicia dependa del poder político, reacciona dándole la espalda, pues evidentemente, defenderle significaría reconocer la culpabilidad histórica del propio PSOE.

Se ha formado un gran revuelo en las cavernas partitocraticas, pues no se entiende que uno de los suyos, por muy independiente que sea, afirme que la Justicia esté bajo mínimos, que los jueces y los fiscales están politizados y que muchos no son independientes.

Viendo la realidad de la actual política española y toda la corrupción que ha salido, sale y está por salir, entenderemos que para que haya sido posible el monumental saqueo de las arcas públicas registrado en el último cuarto de siglo, era imprescindible que el poder judicial estuviera en constante postura genuflexa ante el poder ejecutivo, y no solo ante este, pues ha existido un auténtico pacto entre los viejos partidos para que todos pudieran seguir “robando” en función de las cotas de poder que ostentaban en las distintas administraciones.  

Es de cajón, mientras los miembros del Poder Judicial y de los Altos Tribunales sigan siendo nombrados por los partidos políticos, rara vez alguno de ellos morderá la mano de quien le colocó en el sillón y decidirá si sigue en él.


Sin independencia judicial, nuestra democracia padecerá de raquitismo crónico.


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