sábado, 28 de mayo de 2016

Puigdemont, erre que erre.

Puigdemont, reiteró ayer en Madrid, que mantiene ese viaje a ninguna parte que es el plan soberanista iniciado por Artur Mas, y lo hizo, en un desayuno organizado por Nueva Economía Forum.

El presidente catalán se atrevió a decir, que en un año convocará nuevas elecciones con carácter constituyente para celebrar un referéndum y declarar de forma efectiva la independencia. En otro tiempo, me atrevería a decir, que antes de su intervención se había metido un chute de LSD, pero en esta locura política en la que estamos inmersos, los mayores desvaríos parecen verse como normales.

Mientras que Puigdemont proclama sus irrealizables deseos, a día de hoy, sin el auxilio financiero del Estado, Cataluña quebraría. Las principales agencias de calificación sitúan la solvencia de Cataluña al nivel de Nigeria o Bangladesh, y así le sería imposible obtener financiación en los mercados financieros internacionales.

Sin los casi 50.000 millones que Cataluña ha recibido del FLA, ni siquiera podría haber pagado las nóminas de sus empleados públicos y a sus proveedores. Sin nuestro dinero, Cataluña se vería abocada a la suspensión de pagos, sin embargo, tienen la osadía de seguir manteniendo esa falsedad de “España nos roba”.

El resultado de la mala gestión de los independentistas, una deuda del 370% del PIB y un déficit público del 2,7% del PIB, el más alto de todas las CCAA, pero ellos se niegan a reconocer su culpa. Cuando el dinero destinado a los servicios públicos básicos y a pagar a los proveedores, se destina a financiar el independentismo, pasa lo que pasa, una región que era rica no hace mucho está al borde de la quiebra.


Ellos mantienen su desafío y nuestro gobierno se lo sigue financiando, para mí, algo inconcebible.


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