viernes, 3 de junio de 2016

Aumenta la pobreza y la desigualdad.

Según el informe anual “Análisis y perspectivas 2016 de la Fundación Foessa de Cáritas”, se constata un aumento del 9% del riesgo de pobreza desde el inicio de la crisis.

Las cifras de crecimiento parecen apuntar a la recuperación, sin embargo, esa recuperación no termina de trasladarse a los hogares.

El empleo precario ha elevado del 14,2 al 14,8% el porcentaje de trabajadores pobres, y la tasa de pobreza entre las personas en paro se sitúa en el 44,8%. Un dato escalofriante.

Todo hace prever, que en los próximos años y a pesar del crecimiento económico, la bolsa de exclusión social crecerá. Pasar de los actuales 720.000 hogares sin ningún ingreso a los 497.200 de 2009 requeriría siete años. Desde 2012, la cifra de hogares españoles que no percibe ningún ingreso no ha bajado de 700.000.

En periodos de recesión económica la pobreza aumenta a ritmo vertiginoso, y en las fases de crecimiento, ésta apenas descienda o incluso se mantenga estancada, ahondándose la brecha de la desigualdad, pues aunque las grandes corporaciones vuelven a obtener pingües beneficios, mantienen todo lo que pueden el paupérrimo nivel salarial de sus empleados. Resulta inmoral hacer públicos grandes beneficios y mantener a los trabajadores con salarios casi “de hambre”.

La crisis ha ahondado las diferencias entre norte y sur, colocando a Andalucía, Extremadura, Comunidad Valenciana, Canarias y Baleares en peor situación, con mayores niveles de pobreza, desigualdad y desempleo, frente a las mejores posicionadas (Cantabria, País Vasco, Navarra, La Rioja y Aragón). No obstante, el riesgo de pobreza aumenta en todas las regiones, y, desde 2009 y a pesar de esa recuperación, en ninguna comunidad autónoma han descendido los hogares con todos sus miembros en paro.

Los ingresos de los hogares han caído "espectacularmente" un 10% desde el inicio de la crisis, la desigualdad ha aumentado y las rentas medias han caído, lo que ha provocado el hundimiento de las rentas más bajas. Andalucía, Castilla-La Mancha y Asturias son las comunidades donde la población con menos recursos se ha empobrecido aún más, y sólo en Galicia y Aragón ha aumentado la renta de los más ricos.

Es cierto, que la política de recortes ha funcionado para contener el déficit, pero también es cierto, que ha perjudicado a las capas más desfavorecidas.

Esta realidad tan cruda no es afrontada por los partidos políticos, ni siquiera a menos de un mes de unas elecciones generales, en vez de lanzar slogans con los que nos quieren engañar, por qué no idean un plan consensuado para socorrer a esta famélica legión de españoles, víctimas sin duda, de su mala gestión.


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