sábado, 4 de junio de 2016

Carmena justifica la “okupación”.

La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, hizo ayer unas declaraciones, desde mi punto de vista, muy graves, en las que trataba de justificar a los okupas, afirmando que “la utilización de edificios en desuso no es una ocupación como tal”.

Y digo que son palabras muy graves, porque una autoridad pública no puede atentar contra un derecho fundamental como es el de la propiedad privada.

Lo que diferencia una sociedad occidental y democrática, de otra comunista, es principalmente el derecho a la propiedad privada. Factor, entre otros, determinante del fracaso del comunismo, pues si esforzándome poseo lo mismo que el que no lo hace, nadie se esfuerza. Y lo dice alguien que cree en la igualdad, igualdad de oportunidades, pero solo de partida.

Si una persona se forma, trabaja, se esfuerza, y consigue ahorrar, algo cada vez más difícil en estos tiempos en los que nos ha tocado vivir, ese dinero ahorrado, habitualmente lo dedica a adquirir un bien, y ese bien en este país casi siempre ha sido uno o varios inmuebles, que han constituido su patrimonio.

Es cierto que en nuestra Constitución se reconoce el derecho a una vivienda, un derecho que tiene mucho de utópico y plasmado con una alta dosis de buenismo. Ojalá se pudiera conseguir.

La solución no es la ilegal okupación, la solución es que las diferentes administraciones sean capaces de tener un parque suficiente de viviendas sociales para atender a quienes carecen de medios para comprarse o alquilar una.

Lo que no se puede permitir, es que mientras uno de tus hijos se esfuerza, es un buen estudiante, y consigue su objetivo de obtener un aceptable empleo que le permite adquirir una vivienda, mientras que su hermano se dedica a vaguear, y a “vivir la vida”, luego ese golfo, que no ha dado un palo al agua en su puñetera vida, se integre en un movimiento “okupa” y pretenda ocupar la vivienda de alguien como su hermano.


Con esto no estoy diciendo, que ese golfo no tenga derecho a nada, evidentemente tiene que estar amparado y disfrutar de los servicios esenciales básicos, pero poco más. Ya está bien, de exigirle cosas a la sociedad cuando, a veces, tú le das tan poco.




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