lunes, 11 de julio de 2016

“Gatopardismo” convergente.



Ayer se celebró el último congreso de Convergencia Democrática de Cataluña, un congreso diseñado y promovido,  por quienes con su mala gestión y su bestial corrupción habían enterrado a las siglas CDC en el fango.

Artur Mas y su banda, se marcaron como objetivo en el congreso, cambiar el nombre y las siglas del partido, creyendo así, que la amnesia se apoderará pronto de los catalanes, olvidaran el pasado, y de nuevo, les otorgarán su confianza de forma masiva como ocurría no hace mucho en los tiempos gloriosos de Convergencia.

El problema es que el partido no era el corrupto, los corruptos eran quienes lo dirigían, los mismos que han conseguido ser quienes dirijan la nueva formación, denominada PDC, Partido Demócrata Catalán. Esto es gatopardismo en estado puro, “cambiar cosas para que todo siga exactamente igual”.

El nuevo partido se define como “demócrata, catalanista, independentista, europeísta y humanista” y defiende la república como forma de gobierno de un eventual Estado catalán independiente. En su documento fundacional, defiende la unilateralidad para lograr la secesión.

En cualquier Estado democrático serio no se permitiría inscribirse como partido político a una formación que de entrada dice a las claras que su objetivo es romper la unidad nacional, por lo que evidentemente no respeta la legalidad constitucional. Pero claro, España es España, y aquí tenemos una clase política que cuando gobierna es incapaz de cumplir y hacer cumplir las leyes, y claro, así nos va.

Siempre he defendido, y lo sigo defendiendo, que en una democracia no todos los partidos tienen sitio, pues todos ellos tienen que cumplir unos requisitos mínimos, y evidentemente, el primero de esos requisitos es el de no atentar contra la unidad nacional y respetar la legalidad constitucional.


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