sábado, 23 de julio de 2016

Infame Tribunal de Cuentas.



El Tribunal de Cuentas no estima que ha habido “menoscabo de fondos públicos” en la financiación de cientos de cursos que nunca llegó a impartir la Fundación Andaluza Fondo de Formación y Empleo (Faffe), un ente de la administración paralela de la Junta de Andalucía disuelto en 2011.

Estamos ante un pronunciamiento bochornoso, pues la Fiscalía Superior de Andalucía enumeró hasta trece deficiencias en la gestión de los fondos de formación profesional para el Empleo por parte del Servicio Andaluz de Empleo (SAE), y que están investigando en paralelo, más de diez juzgados andaluces.

La fundación Faffe ya no existe, fue disuelta, y sus 1.500 trabajadores fueron contratados, sin ningún concurso de méritos, como personal subrogado en el SAE. Esta fundación era otra pieza de ese gran pesebre, de esa administración paralela andaluza donde están enchufados legiones de socialistas y amiguetes varios del régimen.

El Tribunal de Cuentas es el máximo órgano fiscalizador de las cuentas y de la gestión económica del Estado, es decir, el que revisa la contabilidad de las grandes instituciones del Estado, y también de los partidos políticos.

Los consejeros de este Tribunal son elegidos por el Parlamento, por lo que entre los partidos parlamentarios se reparten el pastel. Resulta curioso que los que dirigen el órgano que controla a los partidos políticos sea elegido por estos a dedo. Con este sistema, los partidos se blindan y gozan de total impunidad para saltarse la ley a su antojo.

El Tribunal de Cuentas está repleto de consejeros contaminados por la política. Los consejeros son la voz de su amo, jamás les investigaran en serio.
El ser consejero de este órgano está muy valorado, pues entre lo que ganan y los privilegios de que disponen, en todos los aspectos, convierte ese cargo en un auténtico chollo ¿Quién va a arriesgar su estatus investigando a quienes les han nombrado?

Y luego, los partidos nos hablan de leyes de transparencia. Este es un nuevo y grave ejemplo de en lo que han convertido este país los viejos partidos políticos, aunque reconozco que los nuevos van por el mismo camino. ¡Y luego nos extrañamos del saqueo de las arcas públicas!  


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