viernes, 29 de julio de 2016

Investidura: Urgencia social, desidia política.



Cuando es evidente que la ciudadanía tiene interiorizada la necesidad acuciante de contar con un Gobierno lo antes posible, los partidos políticos y sus líderes siguen en la dinámica de que es lo que les interesa a ellos.

Ahora nos dice Rajoy que acepta del Rey el “encargo” de formar Gobierno, cuando lo que debería ser es que acepta el “mandato” de someterse a la investidura. Todo parece indicar que ese encargo puede no significar nada, pues Rajoy no acudiría a la investidura si previamente no cuenta con los apoyos necesarios para salir airoso.

Por su parte, Pedro Sánchez, sabedor de que si Rajoy fuese investido significaría el inminente fin de su carrera política, pues sería defenestrado de la secretaría general en un cuarto de hora, parece tener claro que su única salvación “personal” es la de mantener el bloque político “crónico” actual, seguir con sus contactos con Unidos Podemos, y resto de fauna separatista y proetarra, y soñar con la presidencia, algo que no ha negado en sus sucesivas  comparecencias ante los medios. Mientras tanto, el Comité Federal del PSOE, ese órgano que le negó dicha posibilidad, está esperando acontecimientos.

Albert Rivera sigue instalado en las ocurrencias, ahora dice que votaría sí al PP siempre y cuando el candidato fuese otro, e insiste en abstenerse.

Pablo Iglesias se dedica a presionar al PSOE y a decirle que solo tiene dos opciones, o propicia la investidura de Rajoy, o con ellos y toda la fauna antiespañola.

Lo cierto es, que los ciudadanos españoles asistimos perplejos a un derroche sin precedentes de irresponsabilidad de los líderes políticos de los cuatro partidos más votados.

Todos nos dicen que no quieren unas nuevas elecciones, pero con su actitud trabajan sin descanso para que se hagan una realidad.


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