viernes, 8 de julio de 2016

Mariano Rajoy me desconcierta.



Siempre he mantenido, que un partido que en unas nuevas elecciones vuelve a ganar y crece en apoyo ciudadano, mientras que sus rivales lo pierden, debe gobernar. Como también, que este país no puede seguir instalado en la interinidad por más tiempo, pues corre el riesgo de que se sequen esos brotes verdes, esa mejoría tan beneficiosa para los poderosos y tan poco sentida por los humildes.

Pues bien, Mariano Rajoy parece optar por el mareo de la perdiz con el objetivo de meter presión a PSOE y a Ciudadanos. Su táctica de convocar a todos los partidos, cuando en realidad solo debería hacerlo con el PSOE y entiendo que con Ciudadanos, empieza a poner de los nervios a muchos españoles entre los que me encuentro.

Su reunión con ERC, además de no servir para nada, permite a estos rufianes vacilarle a nuestro presidente en funciones y abrir la caja de los truenos, pues al recibirles les da cierta legitimidad y despierta al sector anticonstitucional del PSOE quien ya solicita que si Rajoy fracasa en la investidura, Pedro Sánchez intente formar un gobierno de Frente Popular con toda la fauna populista, separatista y proetarra.

Solo se pueden contemplar cuatro opciones, la cuarta es la debacle, es decir, nuevas elecciones. O un gobierno PP-PSOE-Cs que a fecha de hoy parece imposible, o un gobierno PP-Cs, opción que la pertinaz actitud de Rivera ha desactivado, o un gobierno en minoría del Partido Popular.

Se habla de la abstención del PSOE para que el PP pueda gobernar, cuando todos sabemos que sin pactar antes, el PP ni siquiera podría sacar adelante los PGE y duraría muy poco en el poder. Por eso, la mediación de Rivera podría ser muy valiosa, independientemente de que formara parte del gobierno o de que estuviese en la oposición. Rivera debe mediar para conseguir un acuerdo de mínimos con los socialistas que contemple la aprobación de los presupuestos y aborde las grandes reformas que se necesitan, es decir, Justicia independiente, reforma de la Ley Electoral, acabar con los aforamientos, y una postura común frente al desafío independentista en Cataluña, entre otras.

El PSOE y Ciudadanos saben, que si provocan unas terceras elecciones, las urnas les pasarán una terrible factura.


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