viernes, 19 de agosto de 2016

El harakiri del PSOE.



Ayer llegaron a un acuerdo, el Partido Popular y Ciudadanos, un acuerdo que ni mucho menos le garantiza a Mariano Rajoy la investidura. Cuando España vive momentos de incertidumbre política, es reconfortante ver como al menos estos dos partidos dan muestras de sentido común y de patriotismo. Rajoy ha aceptado la exigencia de Rivera y se someterá a la investidura el 30 de agosto.

Que la derecha y el centro derecha se instalen en la actitud de la colaboración estable es una buena noticia, y más, si las izquierdas solo coinciden en la idea destructiva de su aversión al PP.

Este PSOE, bajo el liderazgo destructivo de Pedro Sánchez, se ha convertido en un gran problema nacional, y sus tentaciones pactistas con radicales e independentistas, en una pesadilla para la mayoría de los españoles. Pedro Sánchez ha roto en dos ocasiones el suelo electoral de su partido y lo ha sumido en la más absoluta desorientación histórica. El resentido inteligente y perverso que fue ZP, lo dejó mal, pero este resentido tonto, le va a dar la puntilla.

Ahora pido que seamos capaces de navegar por el mar de la objetividad y nos metamos en el pellejo de los socialistas. Todos dan por hecho, que en la primera sesión de investidura el PSOE votará NO, aunque en la segunda podría ocurrir otra cosa, incluso se dice que algunos diputados podrían indisponerse y no asistir para propiciar el desatasco de la situación.

Entiendo que la situación a la que ha llevado Pedro Sánchez a su partido es endiablada. Si se empecinan en el NO y nos llevan a unas terceras elecciones, la ciudadanía se lo hará pagar. Si deciden abstenerse en la segunda votación de investidura, eso sería incompatible con liderar la oposición, que le arrebataría Unidos Podemos. Y por supuesto, si se indispusieran unos cuantos diputados socialistas, sería lo de antes y se convertirían en el hazmereír de la política española. En todos estos casos el PSOE se haría el harakiri.

La única solución para salir airoso el PSOE, a estas alturas, sería la de rectificar y formar parte de un gobierno constitucionalista con el Partido Popular y Ciudadanos, que hiciera las grandes reformas que necesita nuestra democracia y que sus éxitos se los apuntaran en su haber los tres partidos. En todos los demás supuestos, el PSOE acaba abrasado.



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