domingo, 7 de agosto de 2016

Las TV nos quieren modelar.



Cualquier país democrático debe tener una televisión pública sostenible y de calidad, además de cumplir con las funciones de servicio público que establece la ley para ella. En el caso de España, esas condiciones no se cumplen.

La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha hecho público un informe denunciando el rotundo fracaso que ha significado el modelo de financiación para TVE que implantó el  Ejecutivo dirigido por José Luis Rodríguez  Zapatero.

Estamos ante uno más de los muchos disparates que llevó a cabo Zapatero, en este caso suprimió la actividad comercial de RTVE, lo que conocemos como publicidad, de manera que sus cuentas pasaron a depender casi exclusivamente de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) y en mucha menor parte de las aportaciones de los operadores privados. La recaudación procedente de los grandes beneficiados ha sido muy inferior a lo que se preveía. Como en casi todo lo realizado por Zapatero, pelotazo para los poderosos, descomunal coste para los contribuyentes y ruinoso para el país.

Privar a TVE de sus ingresos por publicidad, significó entregarle toda la tarta a un duopolio privado de capital extranjero mediante una decisión, no solo ruinosa en su faceta financiera, si no letal para los ciudadanos de nuestro país. 

A estas alturas, a nadie voy a descubrirle la importancia que tiene dejar en manos privadas inadecuadas la posibilidad de crear opinión y de realizar ingeniería social con fines “maléficos”.

Hay canales de TV privados que se han constituido en fábricas de producir odio y verterlo por nuestras pantallas. ¿O alguien cree que la crispación política y social que vivimos no es fruto, principalmente, de quienes desde su dominio de los medios se afanan en modelar a su antojo nuestras mentes?

Entre quienes llevan décadas trabajando desde sus cadenas para asesinar el espíritu de la Transición y acabar con la concordia entre los españoles, y quienes desde esos supuestos programas de ocio y entrenamiento tratan de socavar la moral ciudadana, estamos apañados.

Mientras la ciudadanía no tenga claro eso de que “la caja tonta miente por norma” y su mente sepa filtrar la información que recibe, predominará el aborregamiento generalizado.

Esto es lo que tiene sentirse uno “un hombre libre” a la hora de opinar, empecé hablando de la financiación de las televisiones y acabo de esta manera, lo mismo el calor no me sienta bien.




No hay comentarios:

Publicar un comentario