sábado, 10 de septiembre de 2016

La impunidad de los poderosos.

Los Carceller, dueños de la cervecera Damm, cometieron una de las mayores evasiones fiscales de la historia de nuestro país. La Fiscalía pedía para el padre 48 años de cárcel por trece delitos contra la Hacienda pública y blanqueo de capitales, y para su hijo, 14 años de prisión por cuatro delitos fiscales y blanqueo de capitales.

En total, esa familia había defraudado más de 100 millones de euros. Recordemos que a partir de 120.000 euros defraudados, la ley lo contempla como delito y está castigado con penas de prisión.

Para estupor de todos los españoles, la Fiscalía, el abogado del Estado y los acusados, han conformado un acuerdo para que estos “grandes delincuentes” se libren de ir a la cárcel pagando 92,37 millones de euros, aduciendo el peregrino argumento de que “han reparado totalmente el daño causado y han asumido los hechos”.

Estamos ante un acuerdo, vergonzante e hiriente, pues un gravísimo delito contra la Hacienda Pública se salda con el pago de una cantidad mareante, pero que a la economía de esa poderosa familia no le supondrá ningún quebranto económico.

Mientras que se persigue a los pequeños contribuyentes, los poderosos siguen gozando de un trato muy especial por parte de las instituciones. A eso le llamo yo, impunidad, a eso le llamo yo CORRUPCIÓN con mayúsculas.

No ha mucho, hemos visto como a jóvenes ya rehabilitados se les metía en la cárcel por pequeños delitos cometidos hace años. Robar una bicicleta o hacer un pago de 200 euros con una tarjeta de crédito robada, y muchos otros casos similares, con ellos la Justicia no tuvo piedad, fue implacable.

Ahora vemos como a una familia que posee una fortuna valorada en casi 4000 millones de euros, propietarios aparte de la cervecera Damm, de la petrolera DISA, que suministra gas, petróleo y gasolina a las Islas Canarias, que posee cerca de 600 gasolineras, que tienen importantes paquetes de acciones en todo el sector energético, y que tienen participación en la mayoría de las grandes empresas de este país, además de poseer grandes fincas en Andalucía y Extremadura, y centros comerciales en Phoenix y Tucson (Arizona). Gozan de los favores de un sistema corrupto.

¿Y después nos extrañamos de que cada vez haya más elementos antisistema? Mientras más corrupción y más injusticias, más habrán.




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