miércoles, 5 de octubre de 2016

El ejemplo de los colombianos.



El pueblo colombiano ha sido víctima de un auténtico bombardeo propagandístico, por tierra, mar y aire, dentro y fuera de sus fronteras, que les quería imponer un Acuerdo llamado de Paz con los narcoterroristas de las FARC. El problema residía, en que los promotores de esta ignominia no tuvieron en cuenta, que el pueblo colombiano sabe diferenciar perfectamente entre el bien y el mal.

La aprobación de ese acuerdo hubiera supuesto, que 250.000 asesinatos, 100.000 secuestros, violaciones y otros muchos delitos, les hubieran salido gratis a quienes los perpetraron, el valeroso pueblo colombiano ha podido impedirlo, pues hay cosas que no se pueden olvidar aunque algunos políticos parecen hacerlo.

Llamarle a este acuerdo “de paz” es en su denominación un insulto, pues eran por una parte, terroristas de las FARC que utilizaban la violencia en todas sus formas, y por otra, un pueblo que las sufría. Aquí no había dos contendientes, aquí solo habían verdugos y víctimas.

El cese de la violencia jamás se construye desde una justicia con atajos, y por supuesto, nunca debe premiarse dejar de matar. Por mucho que los promotores quieran hacer creer que quienes se oponen a una paz vergonzante, en realidad quieren la “guerra”, no llevan razón.

Muchos estadistas mundiales han estado presentes en la firma del acuerdo previo al referéndum, algo que dice muy poco de su catadura moral, aunque reconozco que el apoyo que más me ha dolido ha sido la del cantamañanas que habita el Vaticano, y no hablo más de él por si me excomulgan.

Suele pasar, el pueblo llano suele tener un sentido de la justicia muy superior al de quienes lo representan, y de esto en España sabemos mucho.




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