lunes, 3 de octubre de 2016

El legado envenenado de Sánchez.



La sola defenestración de Pedro Sánchez, en sí soluciona muy poco, pues el legado que ha dejado a su partido está envenenado. Y me estoy refiriendo, a que repitió tantas veces que le querían echar para que gobernase Rajoy, que ahora los triunfadores parecen no atreverse a promover la abstención en la investidura de Rajoy por la posible rebelión de sus militantes.

Y todo esto sucede, cuando para la gran mayoría de los españoles la gran prioridad sigue siendo el desbloqueo político que sufrimos y que dura ya nueve meses.

La nueva Gestora socialista tiene por delante, conducir al PSOE a un Congreso Extraordinario, elegir a un nuevo líder y fijar la estrategia política de cara al futuro, pero además, decidir que hace sobre la formación de Gobierno. Teniendo en cuenta que formar una alternativa de Gobierno al Partido Popular, parece imposible, la otra opción sería la de llevarnos a unas terceras elecciones, algo que para el PSOE podría resultar muy perjudicial, lastrado por su fractura interna y por la imagen de división ofrecida a la ciudadanía.

Lo cierto es, que el PSOE dispone apenas de quince días para tomar una decisión, pues la fecha límite para la investidura acaba el 31 de octubre.

Soy de los que piensan, que el PSOE debería facilitar la investidura de Mariano Rajoy, para con posterioridad obligarle a negociar todas las reformas que se necesitan hacer, y como no, consensuar la respuesta del Estado al desafío independentista catalán. De esa manera, el PSOE tendría tiempo para encarar su renovación o refundación, como queramos llamarla.

El PSOE debe decidir si, o vuelve a los valores moderados de la socialdemocracia, esos que siempre han caracterizado a una izquierda reformista, o continuar en la peligrosa deriva que les metió Zapatero y que ha continuado Sánchez.



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