martes, 11 de octubre de 2016

Puigdemont-Iglesias, almuerzo golpista.



Ayer comieron juntos, dos de los mayores enemigos que tiene en la actualidad nuestra Nación, me refiero a Carles Puigdemont, presidente sedicioso de Cataluña y representante de la mafia nacionalista que durante décadas ha saqueado las arcas públicas catalanas llevando a Cataluña a la ruina, y el otro comensal, Pablo Iglesias, líder de la horda podemita, partido que se creó gracias al apoyo económico del narco Estado bolivariano, ese que priva a su pueblo de comida y de libertad.

Como no podía ser de otra manera, Iglesias se comprometió a que Podemos votará en contra del suplicatorio que el Tribunal Supremo va a pedir al Congreso para poder abrir un procedimiento contra Francesc Homs, por delitos en la organización de la ilegal consulta independentista del 9-N. Es decir, quienes siempre se mostraron partidarios de suprimir los aforamientos, ahora pretenden impedir que se desafore a un separatista que ha delinquido, evidentemente, si el delincuente fuera un patriota seguro que votarían  en sentido contrario. Pero que se puede esperar de estos desalmados.

Los dos comensales subrayaron al finalizar, que el almuerzo se había desarrollado en un ambiente tranquilo, relajado y cordial, evidentemente, una consecuencia de coincidir en sus respectivos objetivos políticos, que no son otros, que acabar con la Nación española.

Podemos se apunta a ese fantasmagórico “derecho a decidir”, que no es otra cosa, que intentar privar a los españoles, que no olvidemos son los depositarios de la soberanía nacional, de decidir sobre lo que les afecta. Para Iglesias, solo tiene derecho a decidir, una pequeña parte.

Los podemitas siguen apostando por eso que llaman “modelo territorial plurinacional y de fraternidad”, que no es otra cosa que convertir nuestro país en una amalgama de reinos de taifas, pero eso sí, nunca diciendo de frente lo que realmente quieren, que no es otra cosa que destruir la unidad de la Nación española, la Nación más antigua de Europa.

Si quienes tienen la obligación de suspender la autonomía catalana, lo hubiesen hecho hace tiempo, nos ahorraríamos ahora estos esperpentos, aunque aún están a tiempo.




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