viernes, 7 de octubre de 2016

Reflexión sobre nuestro carajal político.

Cuando estamos a dos meses de unas posibles terceras elecciones consecutivas, la actualidad política está muy complicada, y me sorprenden bastante las actitudes de populares y socialistas.

El PSOE está pasando los peores momentos de su reciente historia, y nadie cree que en pocos días la nueva Gestora, pese a estar dirigida por alguien que trasmite confianza, vaya a poder resolver nada.

Javier Fernández, ante la imposibilidad de imponer la disciplina de voto en el sentido de lo que decida el Comité Federal, quizás debería plantearse dar libertad de voto a los diputados socialistas, con lo que Rajoy superaría la investidura y en el PSOE no se llevarían las cosas a una situación de difícil retorno.

Siempre tendrían tiempo después, sin que las fechas les apremiasen, de intentar solucionar sus graves problemas internos, principalmente, trasladándole a la militancia socialista la verdad sobre lo realizado por Pedro Sánchez e informando de lo que tenía preparado. Y me refiero a ese pacto con Unidos-Podemos y los separatistas del que alertaron los Servicios de Inteligencia antes del último Comité Federal y que obligó a los barones a cortarle el cuello a Sánchez, un pacto secreto que denuncié al día siguiente de ese Comité Federal y que muchos me dijeron que me había inventado, aunque luego ha sido confirmado hasta por miembros  del propio PSOE.

Pese a que muchos ya han dicho que no se abstendrán en la investidura de Rajoy por mucho que lo ordene el Comité Federal, el verdadero problema está en el PSC, pues Iceta fue el que hizo de intermediario de Sánchez en el acuerdo secreto con los separatistas, un Iceta que ayer mismo propuso en el Parlamento de Cataluña, la barbaridad de reconocer a Cataluña como nación. Creo que ya va siendo hora de que el PSOE rompa sus vínculos con el PSC y se presente en Cataluña con las siglas PSOE, seguro que recuperaría muchos de los votos que se les fueron a Ciudadanos.

Pero es que también me sorprende mucho, que el Partido Popular insista en decir no a unas terceras elecciones, pues por dos meses más de espera podría conseguir más representación y un gobierno no tan en la cuerda floja como el que le espera. Pienso que no solo basta con conseguir la investidura, hay que poder gobernar, hay que aprobar imperiosamente unos PGE, y ahora eso puede ser imposible.




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