sábado, 26 de noviembre de 2016

El tirano ha muerto ¡Viva Cuba Libre!

Hoy hemos conocido el fallecimiento de Fidel Castro. Su muerte no me produce alegría. Lo que me produce horror es recordar su vida. Es la vida de un criminal, del más antiguo tirano del mundo, con un reguero de dolor, de sangre y de miseria que se ha prolongado por más de 57 años ininterrumpidos, aunque en los diez últimos hubiera dado en herencia ese poder tiránico a su hermano.

Conquistó al poder gracias a la mentira, más que a las armas. Mintió a los cubanos y al mundo entero haciéndoles creer que su revolución daría más libertad. No llevaba ni semanas en el poder y ya estaba asesinando rivales políticos. No habían pasado muchos meses y ya estaba declarando abiertamente que Cuba se había hundido en la negrura del comunismo, del que sigue sin salir.

Habrá a partir de hoy quienes le rindan homenaje, y no solo lo harán  los que ven en Pablo Iglesias como una reencarnación barata del tirano con barbas.

Fidel Castro no merece un homenaje, ni tampoco el olvido. Habrá que recordar siempre su maldad, para que su régimen se entierre con él, y para que Cuba sea al fin libre.

Los únicos que merecen un homenaje son todos esos cubanos que han dado sus vidas luchando por la libertad, como por ejemplo Oswaldo Payá. Han sido muchas personas las que han muerto por culpa de Fidel Castro.

Y que me decís de Yoani Sánchez, otra de las personas a las que debemos hoy recordar con respeto, hablaba de forma emocionante hace pocos meses de una historia triste. Triste y multitudinaria, porque es la historia de las últimas tres generaciones de cubanos. Millones de personas a las que el vanidoso Fidel Castro les ha dejado muy pocas alternativas: sufrir la represión, tirarse al mar o aguantarse con una existencia estrecha de oportunidades y ausente de libertad.




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