miércoles, 23 de noviembre de 2016

Soraya se entrega a los separatistas.

Si vergonzosas fueron las palabras de nuestra vicepresidenta, Soraya Saenz de Santamaría, en las que afirmaba toda su disposición y voluntad para entenderse con los sediciosos catalanes apelando al “buen rollo”, ahora apela a la  especial “sensibilidad foral” tanto de ella como de su partido, para hacerle un guiño al Partido Nacionalista Vasco.

Siempre pensé, que en un régimen auténticamente democrático lo esencial era la igualdad de todos los ciudadanos, y justamente el mantenimiento de Fueros históricos, de privilegios incompatibles con los  tiempos actuales de unos territorios sobre otros, es una lacra que hay que erradicar.

Las palabras de Soraya Saenz de Santamaría, lo único que nos demuestran, es que para los políticos, lo único importante es intentar mantenerse en el poder cuando lo ocupan, y que si tienen que decir una barbaridad, pues la dicen, si ella ayuda a su propósito.

En nuestra Constitución se incluyeron en su día los Fueros Vascos y Navarros, creo que ya hemos tenido el suficiente tiempo para acabar con ellos, curiosamente solo UPyD en su día lo planteó en el Parlamento, claro está, todos se opusieron al pensar que eso les quitaría votos en esas privilegiadas CCAA.

Pero es que además coincide, que justamente Navarra y el País Vasco, son dos de las CCAA más ricas, por lo que mantenerles privilegios en materia económica es un auténtico despropósito y una afrenta mantenida en el tiempo contra las CCAA más pobres.

¿Hay derecho a que un navarro o un vasco tenga mejor trato fiscal que un murciano o un andaluz?

Nuestros políticos jamás pretenden arreglar las cosas, acabar con las injusticias o que todos los españoles, independientemente de nuestro lugar de nacimiento o residencia, seamos tratados igual. Ellos siempre a su interés, que por cierto, suele ser contrario al de la ciudadanía.

Cuando un Gobierno se dedica a estas cosas en vez de cumplir con su obligación de obligar a que se cumpla la ley en todo el territorio nacional, y de proteger los derechos y libertades de todos sus ciudadanos, es un claro síntoma de una galopante degradación del sistema.





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