viernes, 16 de diciembre de 2016

Denuncias corrupción y eres represaliado.

En cualquier democracia, se pueden dar casos de corrupción en sus administraciones, eso en sí mismo es muy grave, pero es mucho más grave el hecho, de que cuando un funcionario denuncia un caso de corrupción, sea represaliado y esa acción perpetrada por el poder político quede impune. Y eso es lo que sucede en la corrupta Junta de Andalucía.

La administración andaluza ha cometido una gran cacicada, pues ha destituido de la jefatura que ocupaba a Luis Escribano, el funcionario que se negó a acatar las órdenes irregulares que recibió de sus superiores para favorecer a municipios gobernados por el PSOE en la provincia de Granada y así discriminar a los demás, él se negó a cumplir las instrucciones que recibía e informó negativamente sobre las subvenciones solicitadas por varios municipios gobernados por el PSOE, por los amiguetes del poder socialista andaluz.

Luis Escribano es un funcionario atípico, aunque para mí, ejemplar, pues acumula una larga trayectoria de denuncias en los tribunales y en las RRSS sobre casos de corrupción y todo tipo de arbitrariedades cometidas por la Junta de Andalucía. Para mí, este tío debería ser homenajeado y ascendido, y no castigado.

Estamos ante un nuevo caso que demuestra a las claras, que los grandes partidos, en el ámbito de las palabras dicen querer combatir la corrupción, pero que en el ámbito de los hechos hacen justamente lo contrario.

Que a estas alturas no se haya, presentado y aprobado, una ley en nuestro Parlamento que blinde a todo aquel funcionario que denuncie y destape casos de corrupción, demuestra la hipocresía de los partidos políticos y el alto grado de putrefacción de nuestro sistema democrático.

El mensaje que se está lanzando a todos los empleados públicos es el de “traga y déjate mangonear por los políticos, así no tendrás problemas”. Desde luego, así jamás se erradicará la corrupción de nuestro país.




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