sábado, 31 de diciembre de 2016

Mayúscula indignidad de Rajoy.

El Gobierno de España, destituyó ayer a su delegado en el País Vasco, Carlos Urquijo, uno de los últimos héroes del PP vasco, con la excusa de que necesita contar con un delegado de perfil “más político” en el cargo. Su cese era reclamado desde hacía tiempo por el PNV, y era condición inexcusable de los separatistas para sentarse a negociar los Presupuestos Generales del Estado de 2017.

Nos encontramos ante una decisión, que demuestra a las claras la catadura moral de Mariano Rajoy y de la precursora de la idea, Soraya Saenz de Santamaría. Destituir a quien desde la Delegación  del Gobierno en el País Vasco ha remitido a los tribunales de Justicia un millar de recursos denunciando actos de homenajes a etarras, incumplimientos en la Ley de Símbolos ninguneando a la bandera nacional, consultas de todo tipo al margen de la legalidad y otros muchos asuntos, es una infamia.

Incluso se han atrevido a filtrar desde el PP, que la fotografía publicada el pasado 11 de diciembre en el diario nacionalista Deia de Urquijo junto a su familia cuando su esposa compra un CD a un vendedor ambulante en Bilbao, es un hecho que le inhabilitaba para seguir en el puesto.

El pecado de Urquijo sea posiblemente, sea el ser muy cercano a Jaime Mayor Oreja o a María San Gil, aquellos que representaban al PP de la dignidad y que fueron defenestrados por quienes hoy están hundiendo en el fango a un partido otrora respetable.

Han destituido a aquel que osó aplicar con rigor las normas que obligan a todas las administraciones a garantizar las comunicaciones oficiales en euskera y en español, a vigilar por el cumplimiento de la Ley de Símbolos, y por supuesto, a denunciar ante la Justicia cualquier homenaje o acto de apoyo a ex presos de ETA o a sus organizaciones afines. Gracias a él, hubo sentencias judiciales que obligaron a diputaciones y ayuntamientos,  gobernados por Bildu y por el PNV, a situar la bandera nacional en lugares preferentes pero, sobre todo, impidieron que cada uno de los presos etarras que tras cumplir condena salía de la cárcel recibiera una calurosa bienvenida con la que legitimaban su actividad terrorista y humillaban a las víctimas.


Quiero dejar patente en estas líneas, todo mi reconocimiento y admiración a Carlos Urquijo, y el mayor de mis desprecios a quienes hoy por hoy dirigen los destinos del Partido Popular. Pues actuando como actúan, dejan claro, que van a ser incapaces de sacar a España de la crisis global en la que se está inmersa.


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