domingo, 12 de febrero de 2017

El mediocre de Rajoy, presidente eterno del PP.

Que un personaje tan mediocre como Mariano Rajoy, sea reelegido para su cuarto mandato con el 95% de los votos en el Congreso del Partido Popular, nos da una idea de la situación que atraviesa el que durante años ha sido la formación referente de la derecha española. Un Congreso en que el PP cierra en falso los debates sociales más controvertidos al carecer de coraje para posicionarse.

Mariano Rajoy ha conseguido perpetuarse en la presidencia apoyado por su círculo de confianza y otros, que aun siéndolo menos, acumulan cargos y tienen asegurado, un largo y desahogado futuro como profesionales de la política, a la vez que se les permite a muchos de ellos hacer “sus negocietes”, supongo que el ejemplo a seguir de todos ellos es “el joven” Javier Arenas, principal promesa de su excelente cantera.

Pero lo cierto es, que desde que José María Aznar tomó la decisión equivocada de nombrarle como sucesor suyo, el PP empezó a dejar de ser ese instrumento positivo para la sociedad española que había sido anteriormente. Rajoy, arrinconó y confinó en el olvido, a los mejores, se desvió de las ideas y de las políticas tradicionales de su partido, y traicionó sus principios y valores, esos por los que muchos de los suyos hasta dieron su vida en el País Vasco. Rajoy ha sido un cúmulo de decisiones erróneas y de inacciones cobardes.

Tras este Congreso se constata lo que ya se sabía, se constata que es imposible cambiar las cosas desde dentro, pues el partido, su estructura, sus militantes y su base social, está secuestrada por una, inamovible y corrupta, cúpula dirigente, una cúpula que ni da paso a las nuevas generaciones ni tiene el más mínimo interés en representar las ideas de quienes les votan.

Al poco de llegar Rajoy a la presidencia del Gobierno, ya se empezó a ver lo que daba de sí, suelta de terroristas, excarcelación de abominables criminales, es decir, continuismo en la política en relación al terrorismo heredada del gobierno de Zapatero, y el trato indigno a las víctimas del terrorismo. Una actitud cobarde y “delictiva” ante el desafío separatista cuyas consecuencias sufrimos hoy en día, pues un Gobierno tiene la obligación de cumplir y hacer cumplir las leyes, cosa que Rajoy no ha hecho.

Incluso a sabiendas de que el Estado Autonómico es la causa de todos nuestros grandes males, se ha negado siempre a reformarlo para que el Estado recobre las más importantes competencias, para así, garantizar la igualdad de todos los españoles. Rajoy abandonó la defensa de nuestra lengua común, tanto en la educación como en las administraciones autonómicas, tomó decisiones en Cataluña y en el País Vasco que hizo allí al PP un partido casi residual, por inacción hizo que se consolidara la letal legislación ideológica de Zapatero, multiplicó la presión fiscal en contra de los principios que en política económica siempre defendió su partido, no combatió la corrupción interna, y siempre se pasó por sus partes nobles los Estatutos de su partido.

Pues bien, que a un personaje con esos antecedentes se le reelija con el 95% de los apoyos, es bochornoso, y nos demuestra con claridad que en nuestro sistema “democrático” los partidos políticos se han convertido en estructuras parásitas más atentas a la propia supervivencia de sus cúpulas que a procurar el bien común, y ahí incluyo a los cuatro grandes partidos parlamentarios, esos que denominan nacionales.





No hay comentarios:

Publicar un comentario