jueves, 16 de febrero de 2017

En Podemos, ser barragana es un trampolín.

Los efectos del triunfo, de Pablo Iglesias y sus tesis en Vistalegre, ya se han empezado a notar en el comportamiento de los parlamentarios de Podemos en los Plenos del Congreso de los Diputados. Los podemitas optan ya claramente, por la bronca continua, los gritos y las gesticulaciones exageradas, y todo ello aderezado con dosis enormes de mala educación.

Si hay alguien que refleja con claridad, el sentir y el proceder de los diputados podemitas, esa es Irene Montero, la actual “follamiga” del Macho Alfa del partido, alguien de la que incluso se comenta que puede ser designada para sustituir al brillante, pero caído en desgracia, Iñigo Errejón. Pretenden sustituir a un cisne por una simple pata.

Montero forma parte del “núcleo duro” de Podemos, y pese a su juventud, ha demostrado sobradamente sus dotes como activista ultraradical en innumerables ocasiones desde los 16 años.

No pretendo crear polémica, pero me chirría demasiado que la “barragana” de un líder político sea aupada por este a puestos orgánicos de máxima responsabilidad, para mí, es algo absolutamente incompatible, pues por su relación libidinosa con el líder supremo, nunca otros u otras de más valía que ella, optaran en condiciones de igualdad a responsabilidades dentro de Podemos.

Al final, eso de la nueva política, se va a parecer demasiado incluso a lo que se quedó antiguo hace mucho, los ticks de señor feudal de un Iglesias que va de “feminista” por la vida, pero que en realidad apesta a macho de manada.


Siempre se ha criticado en este país a los líderes políticos que han permitido que sus esposas accedan a alcaldías o a otros cargos, siempre dando a entender que lo conseguían, no por méritos propios, sino por ser la señora de tal señor ¿Qué opináis sobre este caso?


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