viernes, 21 de abril de 2017

Al Rey le metieron ayer un gol.



Felipe VI, entregó ayer en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, el premio Cervantes al escritor catalán Eduardo Mendoza. El monarca, en su discurso, dijo la barbaridad de que “La convivencia de castellano y catalán es algo natural en Barcelona”. 

Es evidente, que no es el propio Rey quien redacta los discursos que va a pronunciar, pues para ello entiendo que debe haber un gabinete encargado, no obstante, entiendo que debería ser más cuidadoso a la hora de lanzar afirmaciones que no se ajustan a la realidad, y que encima, pueden ofender a un gran número de catalanes.

Una comunidad autónoma gobernada por independentistas, que llevan décadas intentando expulsar al idioma español, no castellano, de la sociedad, practicando la inmersión lingüística en la Educación, multando a las empresas que rotulan en español e intimidando a quien se atreve a usar en público nuestro idioma común. Unos gobernantes que se niegan a cumplir, las sentencias judiciales en materia lingüística, de los más altos tribunales del Estado y que se hayan instalados en la más absoluta rebeldía. Evidentemente, que el Jefe del Estado cometa el desliz de hacer esa afirmación, es como mínimo inadecuado, y como máximo, muy ofensivo hacia quienes sufren en sus carnes a diario la vulneración de sus libertades y derechos individuales.

Nuestra nación, pasa por momentos muy difíciles en todos los aspectos, y solo falta, que el primer español, que nuestro referente, no sea cuidadoso a la hora de medir sus palabras en los discursos que pronuncia.

Para que exista una lengua o idioma se han de dar tres requisitos: un sistema léxico independiente, un sistema gramatical (sintáctico) independiente, y un sistema fonético independiente de las demás lenguas. Cuando no se cumple alguno de estos tres requisitos, hablamos de dialecto. Todos sabemos que los romanos nos dejaron la lengua latina. De ese tronco salieron cinco ramas: el gallego, el astur-leonés, el castellano, el navarro-aragonés y el catalán. Estas cinco ramas o variantes lingüísticas eran en ese entonces cinco proyectos de idiomas. El gallego, el catalán y el castellano si se convirtieron en idiomas. El astur-leonés y el navarro-aragonés no llegaron a cuajar en una lengua, se quedaron como dialectos del castellano. En el siglo XV nació una nueva norma, la norma de Sevilla, que se opuso a la norma de Toledo, la castellana. Desde entonces, el andaluz y el castellano, son variantes de algo superior llamado español, al que se sumaron con posterioridad todas las variantes hispanoamericanas, que son a su vez variantes del andaluz, pues no olvidemos que el 80% de las mujeres que se desplazaron a América a colonizarla eran andaluzas y extremeñas. 

La denominación del castellano por parte de la Constitución, como lengua oficial de España, es errónea y fruto de una manipulación política, un error premeditado y que le ha venido muy bien a la estrategia de confrontación impuesta por los nacionalismos periféricos. A los nacionalistas les encanta hablar del castellano como lengua del Reino de Castilla, como una lengua impuesta por los conquistadores. Debemos recordar que Camilo José Cela fue quien asesoró el estilo lingüístico de nuestra Constitución mientras se redactaba. Él fue un excepcional literato, pero jamás un lingüista. Don Camilo consintió semejante desafuero y permitió a los políticos desvirtuar la denominación de las lenguas. Un lingüista de peso, como los muchos que existían por entonces, jamás lo hubiera admitido. Cuando alguien tenga la valentía de modificar la Constitución, debería corregir este error. Una lengua, la castellana, que desapareció como tal en el siglo XV, no puede aparecer, como idioma oficial, en una Constitución redactada en 1978.

De entrada, les aconsejaría a todos los políticos que combaten los excesos de los diferentes nacionalismos que padecemos, y luchan contra eso que llaman “inmersión lingüística” en sus territorios, empiecen a hablar de lengua española, y no de castellana. Creo que de esa manera muchas cosas quedarían aclaradas sin decir casi nada. La Academia de la Lengua Española jamás se ha llamado de la Lengua Castellana, ¿nunca os habéis preguntado el por qué? Existe en Japón el único instituto especializado en catalogar las diferentes lenguas que existen en el mundo, este prestigioso instituto recoge la lengua española o español, y nunca ha reconocido al castellano.



2 comentarios:

  1. No nos deberíamos cansar de decir que hablamos español y usar nuestro idioma para definir ciudades de España. Igual que no decimos New York,tampoco deberíamos usar A Coruña, salvo por deferencia.
    Buen artículo, buenas reflexiones.

    ResponderEliminar
  2. Esas personas que hiciéron eso, no tienen educación, respeto, verguenza amor por su patria ni nada de lo que deberían tener. Habría que afearles publicamente a la cara su comportamiento no civico.

    José Antonio Alonso García

    ResponderEliminar