viernes, 7 de abril de 2017

El impresentable de Diego Cañamero.



El curriculum de Diego Cañamero es de auténtica traca. Fue alcalde de la localidad sevillana de El Coronil, donde dejó huella, pues de una manera desvergonzada benefició a sus familiares con fondos públicos.

Y qué decir de sus andanzas como portavoz del Sindicato Andaluz de Trabajadores, ocupaciones ilegales de tierras, de hoteles u oficinas bancarias, incluido un asalto a un supermercado de Mercadona para robar carros de comida empujando y aterrorizando a las cajeras.

Con semejante experiencia fue inmediatamente fichado por Podemos para sus listas electorales, siendo elegido diputado por Jaén. Tras sus nueve primeros meses de legislatura, acaba de ser apercibido y reprendido por su comportamiento, por Ana Pastor, presidenta de la Cámara.

Su actividad como  diputado es prácticamente nula, pues únicamente ha presentado una pregunta oral al Gobierno, pregunta referente al PER dirigida a Fátima Báñez. Esa misma pregunta la ha reiterado en otras dos ocasiones para que se le respondiera por escrito. Y ahí termina el trabajo realizado por él, y por el que cobra una pasta gansa todos los meses.

Eso sí, ha desplegado un continuo show reivindicativo nunca destinado a intentar solucionar los problemas de los ciudadanos, sino más bien, a exigir la libertad del matón de Bódalo y a exhibir pancartas y camisetas rotuladas para así hacerse notar. Es evidente, que nunca ha sido consciente de lo que es actualmente, y por supuesto, de lo que representa la institución a la que pertenece.

Siendo de los que opinan, que en el Parlamento hay un buen porcentaje de corruptos, y otro buen porcentaje de los que conocen las andanzas de sus compañeros, miran para otro lado y no los denuncian, considero que los Cañameros, los Rufianes, y la variada fauna podemita y separatista, le hacen un flaco favor a la Cámara, ya que al final solo se habla de las anécdotas, de los shows, de los insultos, y casi nunca de aportar soluciones a las múltiples crisis que padecemos. Nuestro parlamento se ha instalado en la tiranía de los radicales, de los maleducados, de los irrespetuosos, por lo que sus sesiones plenarias parecen más, broncas de taberna, que cualquier otra cosa.


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