martes, 25 de abril de 2017

Esperanza se va, los peores se quedan.



Cada vez que estalla un nuevo caso de corrupción en el que están afectados políticos de un determinado  partido, tanto los votantes, como los militantes de dicho partido, se sienten defraudados, engañados y traicionados.

Da la sensación, que ayer cuando anunciaba su dimisión Esperanza Aguirre, la embargaba una sensación muy parecida, la de haber sido traicionada, defraudada y engañada por sus más estrechos colaboradores, por esos en los que confió plenamente.

Conviene dejar claro, que Esperanza Aguirre, pese a los casos, Gürtel, Púnica y Lezo, nunca ha sido ni investigada ni imputada, por lo que solo se le puede reprochar hoy por hoy, el no haber elegido bien a sus colaboradores y no haberlos vigilado suficientemente.

Mientras que otros políticos se niegan a dimitir cuando son, imputados o investigados, ella en un infrecuente ejercicio de responsabilidad política individual, sí que lo ha hecho.

Aguirre ha sido objeto de una auténtica persecución por los medios controlados por el Gobierno, y entregados a la extrema izquierda. Sus sucesivas mayorías absolutas y una gestión notable, humillo en la derrota a sus adversarios, por lo que se convirtió en el enemigo a batir en esa cacería inmisericorde en que se ha convertido la política española, sus enemigos ideológicos la odiaban.

Lo único que se le puede anotar en el “debe” a Aguirre, es su falta de coraje para enfrentarse a Mariano Rajoy enarbolando la bandera de los valores y principios liberal-conservadores, esos que Rajoy abandonó hace tiempo, y por los que clama la base social de la derecha española. Y lo curioso es que Rajoy está mucho más salpicado de corrupción que lo que ella estaba.

Rajoy ha conseguido acabar con todo aquel que dentro del PP podría representar una amenaza para su persona, es decir, para sus ambiciones de permanencia en el poder.

Por otra parte, la estrategia de Rajoy es clara, le entregaron las televisiones a un duopolio que se encarga de fomentar el proyecto totalitario izquierdista como la amenaza que ha de mantenerle en el poder como mal menor. Pero esto tiene como fatales consecuencias, que de la enorme corrupción del PSOE no se hable, ni tampoco de la financiación sangrienta de Podemos.

Mi conclusión es, que la que se va, no es precisamente peor que los que se quedan, simplemente eso.


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