martes, 11 de abril de 2017

La prostitución sigue sin afrontarse políticamente.

La prostitución se define como el acto de participar en actividades sexuales a cambio de dinero o bienes. Siempre se ha dicho de ella que es el oficio más antiguo del mundo.

La prostitución, es un negocio que genera más de cinco millones de euros diarios en España, 1900 millones anuales, y que, por culpa de su falta de regulación, se le ha entregado en bandeja a las mafias de trata de blancas, a las redes de proxenetismo, a esos que dan palizas, violan y amenazan a mujeres, indefensas ante las organizaciones criminales que las explotan.

Para los partidos políticos siempre ha sido un tema incómodo, por ello, nunca lo han afrontado en profundidad y se han limitado a hacer declaraciones políticamente correctas.

En lo primero que tenemos que estar de acuerdo es en que si, una mujer o un hombre, ejerciendo su libertad toma la decisión de dedicarse la prostitución, la sociedad debe o no debe permitírselo, y lo segundo, si en nuestra sociedad la prostitución debe estar permitida por el hecho de cubrir una innegable necesidad básica de una parte de la ciudadanía.

Tengo muy claro, que la prostitución debería estar, legalizada y reconocida, y que quienes la ejercen deberían ser tratados como cualquier otro trabajador.
Quién les puede negar tener los mismos derechos que cualquier otro ciudadano, quien no puede estar de acuerdo en que sean trabajadores que coticen a la Seguridad Social, tengan sus necesidades sanitarias perfectamente cubiertas y que puedan disfrutar de una jubilación digna.

Nuestros gobernantes piensan, que la solución es multar a los clientes de las prostitutas, cuando la solución es que se legalice la profesión, así estoy seguro de que los clientes preferirían acudir a quienes ejercen la profesión legal y libremente, que acudir a las esclavas de las mafias.

Posiblemente, algunos se opondrían a la legalización de esta actividad aduciendo posicionamientos de índole moral, unos muy respetables y otros muy hipócritas, pues algunos de los que se oponen de forma más enérgica luego son clientes de a quienes ellos le niegan la legalidad y la libertad.

También es sobradamente conocido, que algunos de quienes ostentan el poder, no quieren solucionar el problema por tener intereses económicos inconfesables en esos negocios, unos negocios que de ser legales les darían muchos menos beneficios.

Posiblemente haya sido el PSOE, el que en sus distintos programas electorales se haya posicionado más en este asunto, aunque siempre desde lo políticamente correcto. Desde reintroducir en el Código Penal la figura llamada de la "tercería locativa" (el que alquila habitaciones), sancionar la demanda y compra de prostitución, solo para recaudar, penalizar todo tipo de proxenitismo, algo lógico. Lo sorprendente, es que con estas medidas afirmaban que acabarían con lo que nadie ha podido a lo largo de la historia, algo que no se creen ni ellos.








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