miércoles, 14 de junio de 2017

A los Pimpinela morados, los machacan en el Congreso.

Los Pimpinela podemitas se están estrellando en la Moción de Censura que han presentado, ni la “gritona del soviet de la Complu” ni el propio “aprendiz de Lenin”, están consiguiendo otra cosa, que no sea hostilidad y un auténtico “baño” de los demás grupos parlamentarios, y lo principal, un absoluto rechazo de la ciudadanía.

Todo parece indicar, que la mascarada que ha montado Podemos con su Moción de Censura, les va a perjudicar bastante, pues en lo importante no ha querido mojarse.

Han hablado mucho de corrupción, han reescrito la historia de este país a su conveniencia, e incluso, se han negado a defender la soberanía nacional.

Cuando su portavoz, Montero, dijo eso de que “dejen paso a la democracia” a casi todos nos sonó a que “dejen paso al comunismo”, es evidente, que nos quieren vender una moto arcaica y que jamás funcionará.

Mariano Rajoy, del que nadie duda de su calidad como parlamentario, ha vapuleado “a la parejita”, y ha demostrado, que no por mucho chillar e insultar, se tiene razón.

Iglesias sabe, aunque no lo diga, que su partido jamás ganará unas elecciones, por ello, sus llamamientos al PSOE y a la escoria parlamentaria, para unirse y echar del poder al Partido Popular, son muy lógicos. Espero que el PSOE no caiga en la trampa, pues esta Moción de Censura es en realidad contra él.

Fijaos el éxito que va a conseguir Podemos con esta iniciativa, que solo va a contar presumiblemente con el apoyo de ERC y de Bildu, para echarse a temblar, y digo eso, porque la gran mayoría de los españoles no iríamos con esa compañía ni a tomarnos unas cañas.

Conviene destacar de lo visto hasta ahora en esta Moción de Censura, la intervención de la canaria Oramas, quien le dijo las “verdades del barquero” a Iglesias y le dio hasta en el cielo de la boca.


Como tuvo que escuchar el líder podemita, él es un político letal para esta país y pocos le darían su confianza, que siga utilizando y prostituyendo, a su antojo e interés, los resortes institucionales, pero que sepa que su forma de entender la política es un auténtico fraude, y más bien temprano que tarde, le pasará factura.


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